Archivo de la categoria 'Deportes'

Oct 05 2008

La Fiesta de la bicicleta

Publicado por Miguel en Deportes, Paseos

 

Como cada día es el “Día de algo”, este padre se ha enterado tarde de que hoy era el Día de la bicicleta. Como la culpa no es de los niños, he pertrechado convenientemente a mis hijos y… a Internet, a informarse.

Tampoco entiendo tanto bombo, porque en mi trabajo hay mucha gente que ya viene en bici a trabajar (yo lo haría si no tuviese que llevar a los tres monstruos al cole y que el coche es mi herramienta de trabajo). 

Lanzado como estaba, he encontrado un par de comentarios en www.netambulo.com que me han dejado frío:

 

 “un aviso a los padres imprudentes ¡no metais a vuestros hijos en medio de el peloton! y menos si es en una calle de bajada es ¡muy peligroso!”

 “es una fiesta pero siempre hay gambas de 15,16 años que se creen que es una carrera, y padres insensatos que meten a sus hijos de corta edad en sitios peligrosos

 

 Glubs…

 

Cambio de planes. Nada, una vuelta por el parque del Oeste, vuelta a la Casa de Campo y a casa. ¿Y sabéis? Estaba todo lleno de ciclistas, con y sin niños, y de gente trotando. Vamos, que la Fiesta se la monta cada uno donde quiere, no en la Castellana emulando a la Vuelta Ciclista.

Además, hemos descubierto recónditos columpios, lejos de los coches, accesible a todos los que habíamos llegado en bici. Sin ser escandaloso, en el suelo había envoltorios de algo más que caramelos, presumible fruto de actividades nocturnas adultas. 

 

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Para el próximo año, ya más rodados, advertidos e informados, me lanzaré a ver cuánto de insensato e imprudente es un padre que se une a la Fiesta oficial.

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Oct 03 2008

Un día en las carreras… de camiones

Publicado por Miguel en Deportes, General

 

 

 

Las carreras de camiones impresionan tanto o más que las carreras de motos (a los niños que les gusten estas cosas del motor, por supuesto). Yo sólo las he visto una vez, hace años, sin hijos todavía,  pero las caravanas en la N-I a la altura del Jarama me hacen comprobar cada año que tienen sus adeptos. Seguro que ya no echarán las columnas de humo de hace años, ni harán ruido (que era lo me más sorprendía), porque eso ya no se lleva. Ahora, con tres invitaciones en la mano, después de habérselo soltado a los niños a modo de sondeo, creo que sólo un dolor de cabeza o unos deberes sin hacer el domingo van a librarme de llevarles a ver mi segunda carrera de camiones este fin de semana. El pequeño se libra. Ya os contaré. Si sobrevivo al presumible atasco.

 

 

 

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Sep 28 2008

Visita no guiada al Bernabeu

 

Su hijo apenas tenía siete años, no sabía nada de España, pero lo conocí vistiendo una camiseta oficial del Real Madrid. Así que, con bastante pasmo por nuestra parte, y júbilo en nuestros niños, no me extrañó que nos devolviesen la visita citándonos… en el estadio Santiago Bernabeu.

Conocí a estos amigos canadienses durante un curso de inglés, ellos eran los angloparlantes con los que practicaba el idioma. Viniendo de tan lejos, y expertos en eventos y relaciones públicas, no les pareció pasmoso pagar 15 euros por cabeza (10 los niños), por una visita cuyo atractivo era… que no era guiada, que podías ir a tu aire. Encima eso, pensaba yo, no me voy a enterar de nada. No conseguí entrar en trance, ni siquiera ante las vitrinas repletas de trofeos y fotos de futbolistas de mi niñez, que mis hijos ni siquiera habían oído nombrar. Menos aún al entrar en los vestuarios, que resultaba ser una réplica exacta de los verdaderos (¿?)

 

Ya puestos a invitar, que para eso éramos los anfitriones, sí me pareció más espectacular uno de los restaurantes que estaba habilitado el pleno graderío. Y eso que el campo estaba vacío, supongo que cenar ahí durante o después de un partido debe de ser todo un lujo. El servicio atento, la comida más que digna y, en realidad, en una tranquila terraza al aire libre. A propósito, incluso si es verano, vayan provistos de ropa de abrigo, que por esas alturas corre el aire de la noche fresco, por no decir frío. Y los más pequeños salieron dormidos y bien arropados en los brazos de sus respectivos. Se ve que estaban a gusto con la experiencia.

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Sep 27 2008

Karting indoor Carlos Sainz

Publicado por Miguel en Deportes

 

No es barato y los niños tienen que medir más de 1,40. Mi hijo mayor no sabía nada de esto mientras esperaba con tanta expectación que terminasen de construir “el kart de Carlos Sainz“, que incluso hizo fotos del lugar durante el proceso. Así que tuvo que pasar casi un año antes de poderse subir a un kart en las únicas instalaciones de karting en el centro de Madrid, que sepamos.

Están en la calle Sepúlveda, junto a Ermita del Santo, tiene parking y no está lejos del estadio del Atlético de Madrid; desde el metro (estación Puerta del Angel) te lleva casi diez minutos el paseo.

 

La primera vez que fuimos no sabíamos que había que pedir vez, que los niños sólo podían montar hasta las siete de la tarde y tuvimos que volver al día siguiente. Ahora no hay tanto problema, hemos vuelto dos veces y es casi llegar, inscribirte y montar. Cada sesión al volante dura diez minutos, pero entre que se inscriben, se preparan con los monos ignífugos y el casco (seguridad ante todo), les explican como va el kart se te va la media hora. Al final, te pasarás una hora mirando desde lo alto, porque seguro que querrán repetir –y se alternan tandas de adultos y de niños- y al final te saldrá por 32 euros: 16 euros por cada 10 minutos de rodar. No te olvides llevar agua porque sudan como si fuesen Fernando Alonso, aunque tienen un bar, desde cuyo acristalamiento habrás estado mirando a salvo de ruidos. Salen contentos y como buenos pilotos se quejan de que “su coche” no corría como el de los demás, pero vistos desde fuera, van bien deprisa.

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Sep 27 2008

No sin mi niño, ni siquiera en bici

Publicado por Miguel en Deportes, General, Paseos

 

El mediano ya no necesita ruedines en la bicicleta. Se acabaron las vueltecitas en el parque, con el mayor refunfuñando porque busca horizontes más amplios desde su bici grande. Se acabó “lo bueno”. Ahora ya van a ser dos los que quieran huir del nido y en esta casa las mayorías se respetan. Por las ansias de la emulación, nuestra experiencia nos dice que al final de este curso el pequeño también se habrá librado de sus ruedines y al parque sólo iremos a hacer el bruto los acróbatas en los columpios.

 

Así que, por el momento, me he lanzado al Decathlon y me he hecho con una sillita de las de anclar a mi bici (si no puedes con ellos, únete a ellos, que ya estaba bien de correr detrás de una bici mientras la sujetas en su equilibrio inestable) y un casco para el enanito. ¡Tiembla, Casa de Campo, que vamos a darte vueltas! 45 euros la silla y 15 euros la fijación (vaya, al buscar el enlace, resulta que acaban de rebajarla… y sólo esta silla, Ley de Murphy). El montaje no necesita que llame a mi cuñado “el manitas” y, a la segunda, ya das con la altura de la silla, que se te antoja un pedestal hasta que ves que, con el peso del niño, es lo que necesita para no tocar con la rueda en los baches (esto lo he visto apenas he bajado el primer bordillo). A priori, he elegido esto porque me ha parecido mejor que la barra con la que lleva remolcando un amigo a su hija, en la que ella lleva la rueda delantera en volandas y, si quiere, puede ayudar dando pedales. En veinte minutos está todo montado. En otros veinte minutos ya consigues convencer al niño de que se ponga el casco (y eso que ya casi no hace calor) y que tiene que estar quietecito mientras te subes a la bici, porque si no, los dos os váis al suelo.


 

¡Cómo pesa ya el niño! La bici se siente pesada, la rueda delantera no entra en las curvas, parece un autobús, puedes frenar todo lo que quieras con el freno de atrás que no bloquea… Esto no es ir en bici, pero a cambio ¡qué gustazo ver cómo los mayores van haciendo sus pinitos en los pedales sin tener que ir al trotando! (y es la manera de disfrutar TODOS de la bici). Por cierto, ¿a ver si iba a ser más seguro para la integridad del enanito -y la mía propia- eso de la barra de remolque?

 

 

Desideratum:

A ver si en un par de días deja de caerse tanto el pichón ya volandero, que no doy abasto cada vez que tengo que detenerme a socorrerle, tanto montar y desmontar al pequeñito cada vez.

 

“Constatatium”:

De lo que estoy seguro es de que antes de que el pequeño llegue a los 22 kilos -que es límite de la silla-, se habrá querido “quitar de encima” a papá y pedalear él solo

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